sábado, 9 de febrero de 2013


Quiero gozarme de tu amor, Señor


Vengo a postrarme ante ti, Señor, en esta tarde,
gozándome hondamente de tu amor.
¡Qué grande eres, Señor!
¡Qué inmenso es tu amor!
Primero quiero, Señor,
profesar mi fe en Ti,
Señor Creador de cielo y tierra,
que en tu inmensidad todo lo llenas
y sin ti nada existe
y que tu sabiduría se manifiesta
en la belleza de la creación.

¡Que los cielos y la tierra
proclamen tu gloria, Señor!
Todo cuanto existe
es obra de tu poder y de tu sabiduría
y todo nos está manifestando
la maravilla de tu amor.

Todo sea siempre, Señor, para tu gloria;
las criaturas todas prorrumpen
en cánticos de alabanza y bendición,
pero cuanto sentimos cuanto nos amas, Señor,
y la maravilla que has hecho
cuando nos has creado
todo tiene que ser por nuestra parte
acción de gracias por tu amor;
tan grande es el amor que nos tienes
que has querido estar siempre cerca de nosotros
aunque no  lo merecemos,
aunque tantas veces te hemos olvidado
y hemos querido hacer la vida por nuestra cuenta
olvidandonos de ti;
pero tu amor es un amor fiel desde que nos creaste
y nunca nos abandonaste;
gracias, Señor, por tu amor.

Es lo que en esta tarde queremos reconocer,
sintiendo como has derramado tu amor sobre nosotros
dándonos a tu Hijo
para ser nuestro Salvador y Redentor,
pero más aún llenándonos de tu Espíritu Santo
que nos santifica y nos fortalece,
que nos purifica y nos llena de tu gracia,
que nos hace llegar tu perdón
y al mismo tiempo nos levanta;
qué maravilloso es tu amor, Señor;
te damos gracias,
no queremos cansarnos de darte gracias,
queremos que todo sea siempre para tu gloria
y nuestra vida toda sea
un cántico de alabanza a tu gloria y a tu amor.

Gracias, Señor, por tu presencia,
allá donde vayamos o allá donde estemos
allí siempre te encontraremos a ti;
no podemos escondernos de tu presencia,
ni podemos sentir nunca temor,
porque reconocemos que tu presencia
es una presencia gracia,
una presencia de amor.

Gracias, Señor,
por tu presencia real y verdadera
aquí sobre el altar en el Sacramento de la Eucaristía;
es tu cuerpo y es tu sangre,
eres tú, Señor, que eres nuestro salvador
y así te nos das en comida
y quieres ser presencia permanente junto a nosotros
en el Sacramento;
ahí estás, Señor,
nos escuchas y nos esperas,
nos alimentas y nos llenas de vida.

Dame la gracia de amarte siempre, Señor.

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