domingo, 2 de diciembre de 2012


En cada corazón que nazca la esperanza estarás naciendo Tú


Ven, Señor Jesús,
te vamos a repetir muchas veces en estos días;
una vez más esta postrados en tu presencia sacramental
te decimos:
Marana Tha, ven, Señor Jesús.

Necesitamos, Señor, tu presencia
que aliente nuestra vida y la llene de esperanza;
necesitamos tu presencia en medio del mundo
que vemos tan sin esperanza,
dejándose arrastrar los agobios y problemas de la vida;
el mundo te necesita, Señor,
nosotros te necesitamos
porque al mundo le falta luz cuando le faltas tú,
como tantas veces repetimos en este camino de adviento;
encontramos mucho desaliento a nuestro alrededor
y tenemos el peligro de llenar nosotros nuestro corazón
del mismo desaliento y angustia;
queremos pedirte en esta tarde
por tantos que caminan a nuestro lado sin rumbo,
por los que han perdido la fe,
por los que quieren construir un mundo sin ti,
por los que se ven envueltos
por el materialismo de la vida o la sensualidad,
por los que han puesto su horizonte
solo en las cosas materiales de cada día
y lo que tienen delante de los ojos.

Ven, Señor Jesús,
que sepamos encontrar tu luz,
que nos dejemos iluminar por tu luz;
mueve nuestros corazones
para que nos mantengamos en fidelidad
en medio de las dificultades y tentaciones;
mueve los corazones de los que nos rodean
para que no pierdan la esperanza,
por muy dura que sea la vida
y muchos sean los nubarrones que nos acechen,
para que tengan fe
en que es posible hacer un mundo mejor;
siempre hay un rayo de luz que nos ilumina,
porque tú nos dejas muchas señales de esa luz
en el amor de los buenos,
de tantos que hacen el bien
y se preocupan de los demás;
son rayos de luz y de esperanza;
que todos sepamos descubrir
que Tú vienes a nosotros
y eres nuestra fuerza y nuestra luz
en la tarea de hacer un mundo mejor y más humano;
que no se nos cieguen los ojos
por el materialismo de la vida,
o por la sensualidad que nos rodea,
que sepamos alzar bien alto la cabeza
porque se acerca tu salvación,
y con tu salvación
llega la paz a nuestros corazones,
llega la fuerza para amar con un amor como el tuyo;
que no nos cansemos de amar,
sembrando así con nuestro amor
sonrisas en el corazón de tantos
que viven en la ansiedad y en la amargura,
que cuando sonríe el corazón
es porque ha nacido la esperanza.

Ven, Señor Jesús.
Iniciamos el camino del Adviento
que nos lleva a la Navidad y hemos de prepararnos bien;
vienes, Señor a nuestra vida con tu salvación;
que sepamos descubrir
lo que es verdaderamente importante en la navidad
y no nos ciegue el consumismo reinante
que todo lo materializa y lo llena de banalidad;
tú naciste pobre en Belén
sin tener donde reclinar la cabeza,
pero fue un día grande y alegría
que vivieron de manera especial los más pobres,
los pastores de Belén,
porque les había nacido un Salvador;
que así lleguemos a vivirlo nosotros también
desde nuestra austeridad pero con el más grande amor;
que sepamos sembrar esperanza
en el corazón de los que nos rodean
y en cada corazón que nazca la esperanza
estaremos viendo que estás naciendo tú también.
Ven, Señor Jesús. 

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